Los tres 'mosqueteros' que acorralan a Froome

Los tres ‘mosqueteros’ que acorralan a Froome

Chris Froome se asfixió en una rampa de 300 metros. En el altipuerto de Peyragudes, allí donde se rodaron secuencias de El mañana nunca muere de James Bond, el británico se mostró más vulnerable que nunca. Fue incapaz de soportar el zigzagueante avance de Fabio Aru y de neutralizar un acelerón de Romain Bardet, sus jóvenes y descarados enemigos. El británico cedió el liderato en beneficio de un sardo que ha encendido el Tour.

Pero la peor consecuencia del descubrimiento de sus debilidades no fue la pérdida del maillot amarillo, si no haber quedado en evidencia por Mikel Landa. El vasco, después de una descomunal jornada en la que estuvo tirando del grupo de favoritos y protegiendo a su jefe de filas, tuvo la osadía de pelear por el triunfo de etapa. En lugar de auxiliar a Froome se marchó a por Aru y propició la pérdida del liderato del Sky. En su traición, retrató a su capataz y desenmascaró sus propias ínfulas de protagonismo. La repetida historia de un gregario con intenciones de atentar contra el orden establecido. Coppi contra BartaliFignon contra HinaultIndurain contra Delgado, ¡Froome contra Wiggins!

El británico tiene un problema en el seno de grupo, aunque desde el Sky se lanza un mensaje de normalidad. Después de presenciar una escena en la que Nicolas Portal (director) pedía explicaciones al escalador español por lo ocurrido, el técnico declaró: «No me he enfadado con Landa por no esperar a Froome al final. La carrera se presentó de esa manera, muy complicada, con muchos ataques y tampoco se puede esperar a 300 metros de meta. Siempre que hacemos algo un poco diferente la gente ve cosas raras».

En la misma línea, el desleal Landa intentó calmar la situación: «Estaba disputando la etapa y no se me ha ocurrido mirar para atrás. Iba muy bien, y si hubiera jugado a disputar hubiera tenido opciones… Ha sido inesperado perder el liderato, pero no es un drama». Froome prefirió relativizar la derrota: «Era una llegada muy, muy dura. No tuve piernas al final, pero queda mucha carrera todavía. Ahora la general ha quedado muy apretada y vamos a tener una bonita disputa hasta París».

Tres puertos de primera

En este desconcertante Tour nada es definitivo. Hoy, en un ejercicio de 100 kilómetros y tres puertos de primera, el británico podría reconstruir su edificio, pero más interesante es saber si ha cerrado la grieta abierta por Landa. Froome se sometió a la jerarquía de Wiggins y ahora espera que el vasco también sea leal. Seguro que la reprimenda de Portal tendrá secuelas.

El conflicto endógeno del Sky relanza la cotización de Fabio Aru, que impacta con esa potencia que despliega en los porcentajes más pronunciados. Froome no soporta sus ataques explosivos en tramos cortos. El británico, con su particular molinillo, necesita rampas más tendidas. A los acelerones de sardo sólo responde Bardet, el nuevo ídolo del ciclismo francés, que ayer se anotó la victoria en la primera cita de los Pirineos y certificó sus intenciones de volver a subir al podio de los Campos Elíseos. En noviembre cumplirá 27 años, los mismos que Aru y Landa. Fenomenal cosecha del 90.

El italiano superó al británico en 20 segundos y es líder por seis, una renta breve, pero doblemente histórica: es la primera vez que Froome pierde el maillot amarillo y la primera vez que el italiano comanda la general.Contador y Nuestra Señora de los Ciclistas

Otra cita complicada para Alberto Contador, que debería encomendarse a Nuestra Señora de los Ciclistas, en cuyo honor se levantó una capilla en la Labastide d’Armagnac, decorada con históricos maillots de equipos. El santuario se encuentra a una pequeña tirada de la zona en la que se cayó el pasado miércoles, en las cercanías de Pau, donde partió la etapa ayer. El madrileño, para terminar con su desgracia, tendría que visitar el oratorio y depositar un ramo de flores delante de la virgen de piedra blanca que custodia el templo.

Ayer, el pinteño intentó una hazaña en el Port de Balès, allí donde montó una emboscada a Andy Schleck en 2010, pero sucumbió en el intento. Un ataque para recargarse de moral. Fue cazado sin dificultad y aguantó con el grupo cabecero hasta Peyresourde, a cinco kilómetros de la meta. Antes había claudicado Nairo Quintana. Al final, el madrileño fue superado por el colombiano y cedió más de dos minutos. «Ahora veo los toros desde la barrera. La general está imposible, hay que buscar una victoria parcial», advirtió.

FUENTE: AS

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