Cómo lograr la proeza de ganar la Quebrantahuesos a los 47 años

Cómo lograr la proeza de ganar la Quebrantahuesos a los 47 años

La nómina de ganadores y participantes ilustres de la Quebrantahuesos, la marcha cicloturista de mayor renombre en España (y probablemente entre las tres más duras del calendario) es importante: BeldaMikel AzparrenAitor KintanaMiguel IndurainAbraham OlanoEscartínFélix García CasasLuis Pasamontes… Y, de repente, este año, un cicloturista llamado Carlos Caraviasde 47 años aparece el primero en meta, con una escapada deslumbrante de 100 kilómetros en solitario y dejando atrás a un grupo de ilustres participantes. Sorprendente sabiendo lo duro que es.

“Carlos, ponte a rueda que te preparo el sprint”. Las llegadas del Club Ciclista Majadahonda por la vía de servicio a Las Rozas siempre terminaban en sprint a la altura del Colegio Europeo. En el grupo de patas negras de Majadahonda, uno, con cualidades de (muy buen) rodador, pero no de sprinter era consciente que no tenía nada que hacer, así que le ofrecía mi rueda a Carlos y le preparaba los sprints. Yo me divertía lanzándole y Carlos se divertía ganando (habitualmente) en esas circunstancias. Han pasado tres o cuatro años desde aquello, y solo hemos coincidido en algunas marchas desde entonces. Ahora está más delgado y la tez más morena. Se le marcan mucho los pómulos y la cara es angulosa.

Su mujer le animó a montar más en bicicleta

Carlos es propietario y gestiona desde hace años una empresa de instalación de aire acondicionado en Las Rozas y, como a muchas empresas del sector, le afectó la crisis y la cartera de pedidos cayó en picado con la crisis de la construcción. Así que se encontró con poco trabajo y más tiempo libre. Comeduras de coco, despidos, agobios… su mujer le dijo que aprovechara para montar más en bicicleta, que le vendría bien para deshacerse del estrés. Se puso a ello y empezó a hacer salidas entre semana de dos, tres y cuatro horas al mediodía, con gente de Majadahonda, Villanueva de la Cañada, Villalba y los fines de semana a hacer salidas más largas.

El gen competitivo lo tenía desde jovencito cuando disputaba carreras de mountain bike con el equipo Coronas de modo que también retomó la competición en categoría ‘máster 40’ unos años antes. El problema de las carreras máster es que no te dan fondo. Son muy explosivas pero se corren distancias de 80 a 100 km aproximadamente.

Así que Carlos se planteó hacer buenos puestos en las marchas cicloturistas y empezó con una preparación basada en entrenamientos largos los fines de semana. Salidas de 180, 200, hasta 250 km para coger fondo. Su físico ha cambiado de un tiempo a esta parte. Mide 1,84 de estatura y hace cuatro años pesaba 80 kg, con el entrenamiento en tiradas largas su peso normal ahora es de 73 kg, “pero a la Quebrantahuesos fui en 69 kg… Las dos semanas antes de la carrera realmente pasé hambre. Me iba por las noches a la cama con hambre”.

Entrenar 200 kilómetros por la Sierra de Madrid

“Por donde haces salidas tan largas?”, le pregunto sorprendido. “Siempre salgo solo de casa en Majadahonda y suelo ir a los Puertos de Guadarrama, pero si el entrenamiento es largo, de 200 km o más, entonces voy a Villalba, de allí a Soto del Real, Venturada y hacia la zona de la Sierra Pobre, suelo volver por El Berrueco, La Cabrera, Valdemanco, Bustarviejo… terreno muy rompepiernas”. “Ya, ya, pero ¿cuántas horas te lleva un entrenamiento así?”. “Depende, pero un entreno largo, sobre las 7 u 8 horas. Lo que pasa es que se va apuntando gente que hace conmigo tramos de mi recorrido y así se hace más llevadero el entreno”.

Los resultados, los buenos puestos, no se hacen esperar con un entrenamiento tan especifico y tan duro. Magníficas clasificaciones en la Marcha Cicloturistas Desafío de los Puertos de Guadarrama. Clasificado en primer lugar en la Perico Delgado 2016. Primero en Los 10.000 del Soplao, en Cantabria. Casi siempre escapado en solitario. En 2016 hizo el puesto noveno en la clasificación de la Quebrantahuesos. “Fue espectacular, me vi en el grupo de cabeza en Marie Blanque, pero se fueron por delante varios y nunca pude enlazar después”. “¿Y cuál fue la motivación para este año?”. “Yo quería verme disputando al final, ganar es muy complicado, es una lotería, pero realmente lo que me hacía ilusión era llegar en condiciones de disputar la QH al final”

“Y cómo te planteaste la QH este año?”. “Sabía que tenía que llegar al tramo duro de Marie Blanque con un minuto o minuto y medio de ventaja sobre el pelotón porque es lo que pierdo en ese tramo de subida respecto al grupo de cabeza. Si lograba coronar con el grupo de cabeza luego, el resto del recorrido es más o menos manejable para mi”.

La cuestión es que la QH discurrió por otros derroteros distintos a los previstos pro Carlos: “Sí, antes de llegar a Jaca, Mikel Azparren (ganador de varias ediciones de la QH) y Abraham Olano saltaron del grupo de cabeza y yo tuve que esprintar para enlazar con ellos. Luego entraron tres más en el grupo y formamos una grupeta de seis, y empezamos a hacer camino, de modo que llegamos a Marie Blanque escapados. Yo me vi con una sensaciones magníficas y subí poniendo un ritmo fuerte. Se empezaron a descolgar poco a poco y al final me quedé solo”. Carlos se pone lírico: “La verdad es que hacía un día precioso, la luz en Marie Blanque, el cielo azul, el bosque, las sensaciones encima de la bicicleta… Decidí, una vez descolgados todos, seguir hacia adelante yo solo sin mirar atrás”.

Descolgar a Abraham Olano…

Dejar atrás a un Abraham Olano o a un Mikel Azparren en la subida a Marie Blanque… ¿Qué pasa por tu cabeza en esos momentos? “ Lo cierto es que yo iba concentrado en mi ritmo en la sección dura de Marie Blanque (los últimos 4 km). De vez en cuando miraba hacia atrás y veía gente descolgándose, pero mi idea era seguir a ese ritmo, sin cambios bruscos. Pensé que debía estar fuerte si Mikel y Abraham se descolgaban, la verdad. Luego, en el plano que hay desde la bajada de Marie Blanque a Laruns, la moto que me acompañaba me dijo que venían a 45 segundos, y que mejor me dejara coger por ellos y así hacer camino juntos, pero pensé que no iba a regalarles ese tiempo. Estoy acostumbrado a entrenar solo largas distancias, de modo que no me supuso un estrés especial enfrentarme a los 80 km que me quedaban en solitario”.

Carlos relata lo duro que se le hizo el último kilómetro y medio del Portalet. “No hice ninguna parada en ningún avituallamiento a coger comida o bebida y, aunque me dieron una botella de agua y una Coca Cola arriba, en el Portalet, llegué a meta deshidratado y con amagos de calambres”.

Correr a ciegas la parte final

¿Cuándo te ves ganador de la prueba? ¿Al coronar Hoz de Jaca (último puerto a unos 35 km de meta)? Carlos cierra los ojos, piensa. “No me daban referencias en los últimos 40 km de la prueba y realmente no sabía el tiempo que sacaba a los perseguidores, así que corría un poco a ciegas la parte final, sin referencias. Solo me vi ganador al subir la última tachuela a la entrada en Jaca y mirar hacia atrás. No vi a nadie y entonces empecé a disfrutar los últimos 2 km. Uno piensa en la familia, mi mujer, hijos, las horas de entrenamiento en solitario, los sacrificios… Es emocionante. Un sueño cumplido”.

Lo dice con tranquilidad, y con naturalidad, quitándole importancia. Hay un toque de humildad en toda la conversación. Carlos era así hace años, y tiempo y victorias después no ha cambiado en absoluto.

FUENTE: EL CONFIDENCIAL

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