miércoles, noviembre 22, 2017
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No hallarán bicis con motor

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Hace unos tres años, un mecánico que trabaja en un equipo ciclista me contó convencido que tiempo atrás hubo equipos profesionales que engañaron introduciendo motores eléctricos en las bicicletas de competición. A continuación expresó su seguridad de que esas prácticas habían desaparecido en el pelotón, que las acusaciones que entonces empezaban a arreciar carecían de sentido.
Las leyendas están en YouTube y similares: la rueda de la bicicleta de Ryder Hesjedal en la Vuelta del 14, la bici de Chris Froome que andaba sola en este mismo 2017, la de Wout van Aerts en un ciclocross… Muchos estudiosos se lo han tomado en serio de verdad y han determinado que de esas grabaciones no pueden sacarse acusaciones.
Pero el run-run continúa. El río suena.  Ahora llega el estadounidense Phil Gaimon con su libro-denuncia y sus acusaciones directas a Fabian Cancellara. Tan convencido estaba de que usaba motor que el hombre ha esperado siete años en contarlo, una vez retirado y con la necesidad de vender ejemplares.

Uno de los mecánicos de Fabian Cancellara en el año de sus escandalosos vídeos en Flandes y Roubaix (2010) aseguró este fin de semana al rotativo danés Ekstrabladet que es “imposible” que el suizo hubiera introducido un motor en su bicicleta sin que lo supieran él y los mecánicos del Saxo Bank. Rune Kristensen, que hoy trabaja en el Quick Step Floors, da algunas razones, pero… ¿Le creemos al 100%?

La desconfianza lleva el nombre del nuevo presidente de la UCI, el francés David Lappartient. Está convencido de que el llamado dopaje mecánico existe. Su larga presencia en estamentos ejecutivos, desde la presidencia federativa francesa a la de la Unión Europea de Ciclismo, pasando por la del Consejo de Ciclismo Profesional de la UCI o de su Comité Director, le ha permitido oír a mucha gente en sus despachos. Y algo le habrán contado.

Buena parte de su campaña para acceder a la poltrona que ocupaba el británico Brian Cookson la ocupó Lappartient en prometer un perfeccionamiento de la lucha contra el fraude. Sus primeras medidas han ido en esa dirección, con el nombramiento del exciclista profesional Jean-Christophe Péraud al frente de esta tarea. Realmente, la imagen de los comisarios de la UCI con sus tabletas inspeccionando bicicletas en las salidas y las metas de las carreras era cómica. Sobre todo, porque no han pillado a nadie, salvo a una corredora sub23 en el Mundial de ciclocross 2016 y hace poco tiempo a dos aficionados, uno en Italia y otro en Francia. A años luz del profesionalismo.
Los métodos aplicados por la UCI, según quienes dicen estar al tanto de los avances tecnológicos, están anticuados. No sirven. Lappartient quiere invertir mucho dinero en que nos creamos que la lucha funciona. Y lo normal, lo lógico y deseable es que se siga sin encontrar nada. Si se descubre tan sucia trampa se esfumaría la complicada credibilidad que se ha labrado este deporte desde que los pioneros del Tour de Francia se colaban en los trenes para llegar antes a la meta. No va a descubrir nada.

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