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La pandemia le cambió el pedaleo a GO RIGO GO

La empresa del ciclista Rigoberto Urán tuvo que buscar alternativas para compensar las pérdidas por el cierre temporal de sus tiendas en el país. Acercarse más a los aficionados le permitió crecer, al punto de resistir estos meses con las ventas por internet.

En marzo de este año, cuando el Gobierno Nacional decretó la cuarentena por la pandemia del COVID-19, GO RIGO GO, la empresa de Rigoberto Urán, estaba cumpliendo un año de haber abierto su primera tienda en el país. Si bien la idea de negocio comenzó con la venta de implementos para ciclismo por internet, el crecimiento fue tan grande que, en cuestión de unos meses, aparecieron más almacenes. Primero en Medellín, después en Bogotá, luego en Cali y Barranquilla, hasta en Cartago. Aunque la coincidencia puede que no vaya más allá de una simple casualidad, el nuevo coronavirus generó un desafío para la organización, de pensar y repensar medidas, de analizar la crisis y, de manera ingeniosa, tratar de sopesarla con otras ideas.

“Fue un susto duro, la verdad. Vos tienes la presión de cerrar todo y empiezas a maquinar y llegan las dudas, y entonces viene a la cabeza la estabilidad de los 80 empleados que tiene la empresa, de pagar los alquileres de los locales que son costosos, y hay que hacer un alto para analizar el siguiente paso que se va a dar”, dice Urán. Lo primero que tuvo claro el antioqueño fue que había que mantener a todos los trabajadores porque, en realidad, ellos son la esencia y la base de GO RIGO GO, y que en una época en la que predominaron los despidos masivos, lo más coherente era ser fiel a los suyos como retribución a la labor hecha en una organización nueva y que en el último año creció el 120 %, hasta llegar a vender alrededor de 20 mil unidades de ropa mensuales (según la revista Forbes).

Después, volviendo a las raíces, Rigoberto y su equipo se enfocaron en lo digital, en potenciar la página web de la empresa y en ganarse la confianza de quienes todavía no se sienten muy seguros con las compras por internet. “Sabíamos que las personas iban a estar confinadas en sus casas y le apostamos a que la práctica del deporte aumentara. Y ahí teníamos que entrar nosotros dando seguridad, motivando y, sobre todo, conectando a la gente”. De la mano vinieron las transmisiones en vivo por Instagram, las clases de rodillo y las promociones los fines de semana para incentivar las ventas. Incluso, la creación de competencias virtuales a través de la plataforma Zwift. La iniciativa fue tan llamativa, que en una de esas carreras hubo tres mil personas conectadas simultáneamente. Además, para abarcar más audiencia, esas pruebas fueron retransmitidas a través de la página de GO RIGO GO.

“Funcionó de maravilla. El crecimiento del portal fue sustancial, así como la gente que compraba. Y eso sopesó el cierre de las tiendas y nos dio más fortaleza como equipo. Además, se fue cumpliendo lo que estaba pactado desde el comienzo: cero despidos. Es que, hermano, es muy berraco quedarse sin trabajo en plena crisis. Siempre doy gracias porque tengo todo lo necesario y por eso quería asegurarme de que la gente que está conmigo se sienta igual. Les hice saber que estaba a su lado”. Los días de Urán, hasta ahora que volvió a entrenar en carretera, pasaron por hacer rodillo en las mañanas y en la tarde dedicarse a llamar, a tocar puertas, a generar alianzas. “Como siempre digo: es mejor tener amigos que plata”.

La para, que llegó abruptamente, también obligó a pensar con más detalle los pasos a dar, sobre todo en un negocio que desde su creación ha tenido un incremento torrencial, una acogida del público quizás única y un respaldo de otras marcas interesadas en hacer acuerdos de mayor magnitud. “Veníamos a toda marcha y nos dimos cuenta de que era indispensable tomar un respiro. Por ejemplo: se estaba trabajando en la apertura de tiendas en ciudades intermedias de Colombia, en ciudad de México y en Miami, pero eso se vio truncado. Por ahora nos preocuparemos del mercado local. Es un buen momento para definir otra vez prioridades”.

En cuanto al Giro de Rigo, carrera que este año va por su tercera edición (se llevará a cabo en Santander luego del éxito en Antioquia y el Eje Cafetero), Urán es consciente de que la incertidumbre está latente y, además, que lo primordial es evitar cualquier tipo de aglomeraciones hasta que el nuevo coronavirus no esté controlado del todo en el país. “Papá, en 2019 participaron más de 12 mil personas y ahora, como gran enseñanza, quedó que el deporte está en un segundo plano. El turismo en bicicleta ha ido en aumento y es un beneficio para varios sectores de la economía, no solo para nosotros. En principio está para noviembre, pero en dado caso de que la situación no mejore, pues esperaremos el otro año y comenzaremos otra vez la organización de todo. Y así las veces que sean necesarias. Es mucha gente junta y no queremos generar un caos, pues”, dice Rigoberto casi sin respirar, de corrido.

El tiempo en casa no ha sido tan traumático para Urán, que le ha sacado provecho, y no necesariamente hablando de su preparación para el próximo Tour de Francia. “Sabés que he estado más cerca de los seguidores y de los amigos. Llevo 15 años con una bicicleta de arriba abajo, montando en avión, durmiendo en hoteles, creo que estar con los seres que uno quiere y en el ambiente que te sentís más cómodo no tiene precio. Sé lo que es no tener dinero y estar jodido, lo que significa permanecer hospitalizado en una clínica por 25 días sin poder moverte. Hay veces que uno no se da cuenta lo afortunado que es y del valor de las pequeñas cosas”.

Por ahora, mientras la crisis parece dar respiros, pero a la vez sigue ahogando con fuerza, GO RIGO GO, o mejor dicho, Rigoberto y compañía, tienen claro que la única forma para salir adelante es trabajando en equipo, sintiendo la penuria del otro como si fuera propia y arribando a la meta juntos, así haya que ceder unos cuantos minutos que de seguro, más adelante, cuando el terreno favorezca, se recuperarán fácilmente.