
El término vintage’ se ha instalado en el lenguaje en los últimos años. El culto por aquello de estética antigua invade tiendas de ropa, catálogos de decoración y ahora también el armario de los amantes de las dos ruedas, que rescatan del pasado ya no solo las propias bicicletas, sino también maillots, cascos y todo tipo de accesorios. Y con ello, proliferan las marchas cicloclásicas basadas en esta tendencia, en las que por delante de los tiempos y las clasificaciones, se prima el estilo. Como la que se celebraba este sábado en Huesca, en la que 25 valientes desafiaron las gélidas temperaturas y el fuerte viento para sacar del baúl su indumentaria y sus bicis.
“Es la segunda edición de la cita, que el año pasado se planteó más como una reunión de amigos, pero que en este caso hemos dado algo más de entidad”, explicaba Miguel Bergua, presidente del Club Ciclista Oscense, organizador de la marcha, bautizada como Joaquín Costa. “Hemos detectado en los últimos años una tendencia por recuperar ese ciclismo antiguo, desde la forma de salir hasta la pasión que se despertaba en torno a algunas figuras o pruebas. Cuando la Vuelta Ciclista era toda una fiesta para la ciudad por la que pasaba”. Aunque en su mayoría eran participantes de edad avanzada, también había media decena de jóvenes que se sumaban a la cita y se apostaban en la salida.
Esta se fijaba en la tienda Ultramarinos La Confianza, en el centro de la ciudad. “Hemos querido aprovechar que es el establecimiento más antiguo de España para ligarlo al aire retro de la prueba”, comenta Bergua. Después, debían recorrer 45 kilómetros pasando por Esquedas, Plasencia del Monte y Bolea, para regresar de nuevo al emblemático comercio.
Precisamente desayunando ante su mostrador esperaban los ciclistas a primera hora de la mañana el momento de salir, perfectamente ataviados con maillots que en algunos casos guardaban historia detrás y en los que se distinguían los logotipos de firmas tan ligadas a las dos ruedas como Banesto y Kelme, aunque también había piezas más antiguas, de esas en las que la publicidad no tenía lugar. Las bicicletas que esperaban afuera, en la plaza de López Allué, y también hacían pararse a aquellos que caminaban por el centro de la ciudad, pues la más antigua de ellas databa de 1906.
La de Carlos Arazarena era una de las más espectaculares, aunque en su caso, explicaba, estaba construida en la actualidad, pero siguiendo los patrones antiguos. Él representaba uno de los más claros ejemplos de la pasión por lo retro en el mundo de lo ciclismo, ya que llegaba a Huesca desde Santander, desafiando la ola de frío para cruzar la península. “En España han ido surgiendo una serie de marchas clásicas, e intento ir a todas las que puedo. Pensaba que ya había acabado el calendario, pero me enteré de esta en Huesca y vine”, explicaba Arazarena.
En base a su experiencia señalaba Internet como el mejor lugar para encontrar esas piezas dignas de coleccionista, incluso en aplicaciones móviles dedicadas a la compra y venta entre particulares. “Hay gente que las guarda en su trastero o garaje, sin pensar que puede tener allí algo cotizado. Aunque cada vez son menos esos ‘chollos’ que puedes ir encontrando”, relataba el cántabro.
Pero más allá del valor de las piezas que pueden verse, los participantes en esta cita apuntaban a que lo bonito es la forma de salir. “Vas hablando con los compañeros, compartiendo el camino, algo que hoy en día pocas veces se da”, aseguraban.
HERALDO





