
A estas alturas, el lector es probable que esté familiarizado con el caso del positivo de Chris Froome durante la etapa 18 de la Vuelta a España del pasado 7 de septiembre de 2017. El ciclista británico dio una tasa de salbutamol (el efecto activo del conocido Ventolín del que hacen uso los asmáticos) de 2.000 nanogramos por mililitro en orina.
A este respecto no está de más reproducir lo que la Agencia Mundial Antidopaje dice en este punto. El salbutamol está en la lista de ‘prohibidos siempre’ salvo “por inhalación en dosis máxima de 1.600 microgramos por 24 horas, sin exceder 800 microgramos cada 12 horas”, lo cual indica que el ciclista dobló el valor máximo permitido según prosigue la explicación: “La presencia urinaria de salbutamol en una concentración mayor de 1.000 ng/mL (o de formoterol en una concentración mayor de 40 ng/mL) se presume de no ser consecuencia del uso terapéutico de la sustancia, y por tanto se considerará un Resultado Analítico Adverso (RAA) a menos que el (la) deportista demuestre por medio de un estudio farmacocinético controlado, que el resultado anormal fue consecuencia del uso de una dosis terapéutica (por inhalación) hasta la dosis máxima indicada anteriormente”.
Con la única intención que la de arrojar más luz sobre este caso, MARCA ha acudido en busca de algunas respuestas a Jordán Santos-Concejero, doctor en Fisiología por la Universidad del País Vasco.
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