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Rigoberto Urán, el ciclista que resurgió de las cenizas como el Ave Fénix

Su temporada empezó en la Vuelta a Andalucía, donde logró un destacado octavo puesto. Un resultado premonitorio, quizá. Después vino la Strade Bianche y en el Gran Premio de Larciano. En este último se hizo con un valiosísimo tercer lugar. Valioso no por el resultado en sí. No. Lo valioso fue ver que la pretemporada estaba resultando exitosa.

Fueron los primeros pasos para Rigoberto Urán en un año en el que barajó y dio de nuevo, en el que se reinventó en busca de recobrar el protagonismo de antaño, como cuando fue medallista de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 o como cuando obtuvo dos subtítulos de manera consecutiva en el Giro de Italia (2013 y 2014).

Más adelante intervino en la Tirreno-Adriático, en la que acabó octavo. Tras ello encaró la Ruta del Sur, donde nuevamente se hizo con la octava posición.

Fueron las últimas dos pruebas antes del Tour de Francia, un Tour al que llegó sin ser favorito; ese honor les correspondía a otros, como Chris Froome, Nairo Quintana, Romain Bardet. Sin embargo, él confiaba en sus posibilidades, en su preparación.

Algo en su interior, en su corazón, le decía que podía sorprender. Y lo hizo. Rigo voló sobre su máquina. Con la potencia de antaño y la madurez que dan los años, saltó a las carreteras francesas en busca de la gloria.

La primera semana fue, como de costumbre, de estudio, de análisis. Fue la primera toma de contacto con la competencia y sus rivales. Ya en la segunda semana se dio el gran asalto. En la novena etapa, disputada entre Nantua y Chambéry. Allí, tras 181.5 kilómetros de resistencia, consiguió llevarse la fracción de manera dramática al derrotar en el foto-finish a Warren Barguil.

¡Premio para su constancia! La misma constancia que mostró a lo largo de las otras jornadas, hasta que, en la penúltima, una contrarreloj individual en Marsella, se aseguró el segundo puesto en la general, para llegar hasta donde solo lo habían hecho Fabio Parra y Nairo Quintana: el podio de la carrera más importante del mundo.

Un justo reconocimiento para uno de los más constantes en la Grande Boucle. Un justo reconocimiento para quien emocionó a los colombianos todas las mañanas no solo con sus peripecias sobre la bicicleta, sino también debajo de ella con ocurrencias como el día que le respondió a un periodista ‘yo que voy a saber güevón”, al ser cuestionado por una situación de carrera.

El reflejo de la recuperación de ‘Rigo’, ciclística y personal.

La temporada siguió su curso y la vida se encargó de darle un premió: el título de la clásica Milán-Turín, donde doblegó a rivales de la categoría de Adam Yates, Fabio Aru y su compatriota Nairo Quintana.

La prueba fehaciente de la resurrección del ‘Toro de Urrao’, un ‘Toro’ que más bien fue un Ave Fénix, capaz de salir de las cenizas para volver a ser protagonista, para volver a abrazar la gloria.

Ahora, Rigoberto Urán irá por más. El 2018 le espera con los brazos abiertos y la apuesta se redoblará.

 

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