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La historia de Cannondale, de una fábrica de pepinillos a la vanguardia del ciclismo

A veces, las compañías son parecidas a los seres humanos. Por ejemplo, algunas no saben lo que quieren ser ‘de mayores’ hasta que, un día, casi por casualidad, descubren su ‘vocación’. Es el caso de una mítica marca que, durante medio siglo, ha revolucionado una y otra vez el mundo del ciclismo. Pero, al principio, ellos solo tenían claro que querían innovar, y por eso empezaron con materiales de construcción, motores (¡de amoníaco!), aire acondicionado, bolsas… Hasta que por fin llegaron a las bicis. Así han sido los 50 años de diseño y vanguardia que marcan la historia de Cannondale. Un auténtico tiovivo que vale mucho la pena conocer.

Corría el año 1971 cuando Joe Montgomery, Murdoch MacGregor y el ingeniero Ron Davis fundaban su empresa en el pequeño pueblo de Wilton, en la zona rural de Connecticut. Aunque existen varias leyendas fundacionales al respecto del nombre, lo más probable es que decidieran bautizarla en honor a la estación de tren que veían desde las ventanas de sus primeras oficinas, la de Cannondale, que aun existe (y cuya silueta estuvo en su logo durante mucho tiempo).

Decimos oficinas, pero aquello empezó en un entorno más modesto, como corresponde a toda buena historia de emprendedores americanos. No, no fue en un garaje al estilo Silicon Valley, sino en un loft que había sobre la fábrica de pepinillos Mrs. Forrester.

En un primer momento hacían prefabricados de hormigón para la construcción. Luego, empezaron a buscar sectores en los que pudieran desarrollar su amor por la innovación: artículos de acampada, aires acondicionados e incluso tuvieron un proyecto que consistía en un motor que funcionaba con amoníaco. Pero pronto lanzaron el producto que cambiaría sus vidas para siempre: el remolque para bici ‘Bugger’.

Fue un auténtico éxito entre el público… pero aún más lo fueron las bolsas y alforjas que diseñaron para acompañarlo. Y, encontrado por fin su camino, a eso se dedicó Cannondale durante todos los años 70. Hasta que Montgomery decidió que quedarse en ese pequeño nicho era muy poco: quería hacer bicicletas, y quería que fueran completamente distintas a cualquier otra que hubiera en el mercado en ese momento.

“Aquellos eran años de creatividad e imaginación en todo el mundo, pero el ciclismo era aún muy tradicional, muy convencional, seguía una especie de manual. Nuestros fundadores creían que había un modo mejor de hacer las cosas, así que tiramos el manual y abrimos un nuevo camino. No dimos nada por sentado, y desde el primer día trabajamos en ser pioneros en materiales, ergonomía y tecnología”, recuerdan a día de hoy en la compañía. Y no exageran.

Joe Montgomery asignó al ingeniero Todd Patterson el reto de crear una bici completamente nueva y, en 1983, esta salió por fin a la luz. Fue la ST-500, un modelo de cicloturismo (en el que lucir sus bolsas), y poco después lo siguió uno de carretera. Ambos cuadros estaban fabricados en aluminio, una decisión arriesgada y rompedora para la época, pero que se adelantaría varios años a la revolución que estaba por llegar.

Apenas 12 meses más tarde, en 1984, llegó su primera mountain bike, la SM-500. También de su metal fetiche, desde luego. Los anuncios de aquella época (como el que ves arriba) muestran cómo la compañía hacía gala de ello y de lo que eso implicaba. Frente a los tubos cada vez más finos de las bicis de acero, el aluminio (más rígido y ligero) permitía sobredimensionarlos, lo que a su vez lograba que el cuadro fuera más atractivo y moderno.

Joe Montgomery asignó al ingeniero Todd Patterson el reto de crear una bici completamente nueva y, en 1983, esta salió por fin a la luz. Fue la ST-500, un modelo de cicloturismo (en el que lucir sus bolsas), y poco después lo siguió uno de carretera. Ambos cuadros estaban fabricados en aluminio, una decisión arriesgada y rompedora para la época, pero que se adelantaría varios años a la revolución que estaba por llegar.

Apenas 12 meses más tarde, en 1984, llegó su primera mountain bike, la SM-500. También de su metal fetiche, desde luego. Los anuncios de aquella época (como el que ves arriba) muestran cómo la compañía hacía gala de ello y de lo que eso implicaba. Frente a los tubos cada vez más finos de las bicis de acero, el aluminio (más rígido y ligero) permitía sobredimensionarlos, lo que a su vez lograba que el cuadro fuera más atractivo y moderno.

Aunque exactamente la primera Cannondale que utilizó fibra de carbono fue la Super V Raven en 1997, una MTB de doble suspensión fabricada fibra de carbono con esqueleto de aluminio y magnesio y basculante de aluminio.

Pero si hay un año que lo cambia todo, ese fue 1994. El momento en que deciden crear su propio equipo de mountain bike, el legendario Volvo-Cannondale. En él corrieron las mayores estrellas de este deporte en aquella época, como el gran Tinker Juárez, Christoph Sauser, Cadel Evans, Alison Sydor o Missy Giove, y eso ayudó muchísimo a cimentar modelos como los Super V, Delta V, CAAD3 o CAAD4 en el imaginario colectivo de los aficionados, como algunos de los más codiciados de los 90. Uno de los mejores conjuntos que nunca hayamos tenido la oportunidad de disfrutar (y no olvidemos que, 15 años más tarde, también tendrían uno de carretera: el antiguo Liquigas, con gigantes como Vincenzo Nibali o Peter Sagan).

Sin embargo, no todo fueron rosas para Cannondale a finales del siglo pasado. La compañía se expandió a otros terrenos, como las motos, pero ese movimiento no les salió bien, y acabaron en la quiebra en 2003. Fue entonces cuando se hizo con ella el fondo Pegasus, que volvió a concentrarse en las bicicletas, y en 2008 la vendió al grupo canadiense Dorel, propietario también de Mongoose o GT. Momento en que la fabricación de los cuadros se llevó a Taiwán, aunque la compañía en sí volvió ‘a casa’.

Una vez la fabricación pasó a asia (un proceso que duró varios años desde 2006 en algunos modelos) la sede paso a Wilton junto con las otras marcas del grupo GT, Mongoose, Schwinn, etc.

Hace solo unos meses se escribió la última página de esta historia empresarial, cuando el conglomerado holandés Pon Holdings (que ya poseía Cervélo o Santa Cruz) compró todas sus marcas de bicis a Dorel por 810 millones de dólares, o unos 700 millones de euros. Pero lo que seguramente sigamos viendo, pertenezcan a quien pertenezcan sus acciones, es una historia de innovación que continúa. Ahí está por ejemplo el sistema inteligente SmartSense que acaban de presentar.

Y es que también en el terreno de los componentes han sido revolucionarios. Ahí está, por ejemplo, el sistema de pedalier BB30, que inventaron ellos allá por el año 2000, y que tantas marcas han adoptado desde entonces. O la Lefty, la primera horquilla monobrazo, que resultaba excepcionalmente ligera, rígida… y cuyo diseño era tan rompedor, claro. De hecho, mucho se podría escribir sobre las contribuciones de Cannondale a las suspensiones.

Entre sus últimas vueltas de tuerca están la Slate, una bici que, en pleno 2015, se adelantó a la explosión del gravel. O la gran revisión a la que sometieron a la Supersix Evo en 2019. La pregunta ahora sería: ¿qué nos queda por ver en el futuro proveniente de Connecticut? Seguro que más de una sorpresa.

Fuente: Brujulabike